XVIII Festival Nacional de Teatro Popular

Ana Rosario Grisales y Luis Eduardo Jiménez de la Fundación Escénica y Cultural El Teatro Vive y organizadores del Festival Nacional de Teatro Popular

Durante seis días, Palmira fue escenario del XVIII Festival Nacional de Teatro Popular: Teatro y Realidad Social, que tuvo a Cuba como país invitado. Talleres, títeres y puestas en escena hicieron vibrar a la ciudad y promovieron la reflexión a través del teatro.

 

RECultural dialogó con Ana Rosario Grisales y Luis Eduardo Jiménez, integrantes de la Fundación Escénica y Cultural El Teatro Vive y organizadores del festival, quienes nos contaron más sobre esta iniciativa.

 

“Esta décimo octava versión del festival fue muy importante para nosotros porque buscamos el tema de la memoria, la paz y la reconciliación. Es desde los artistas, las puestas en escena, de esas voces de las que no se habla, que no se escuchan, pero que el teatro y el arte las pueden poner aquí. Es esa reconstrucción del tejido social a través del arte y esa semillita de paz”, expresó Ana Rosario.

 

El Festival Nacional de Teatro Popular nació hace 18 años como una iniciativa para propiciar el encuentro entre agrupaciones teatrales de diferentes territorios del país y convertir el escenario en un espacio para contar otras realidades.

 

“El Festival Nacional de Teatro Popular, una iniciativa desde hace 18 años, lo consideramos desde el principio para encontrarnos los diferentes grupos de teatro nacional, que pudieran expresar sus voces desde los territorios, donde, digamos, las puestas en escena se vuelvan escenarios de paz, escenarios de memoria: las voces que han sido silenciadas históricamente, lo que no se puede contar a veces en la vida cotidiana, lo puedan hacer a través de las artes, de los escenarios”, explicó Luis Eduardo.

 

Sin grandes presupuestos, pero con el compromiso de artistas, gestores y de toda una comunidad, el festival continúa haciendo posible el encuentro entre el teatro y la realidad social.

 

“Este festival lo seguimos haciendo porque es el espacio que creemos tenemos los artistas para poder encontrarnos con los públicos, con las comunidades, con los territorios, y poder decir que el arte nos enriquece no solamente el alma, sino que es esa semilla de comunicación, de reconciliación y reconstrucción del tejido social en los territorios”, concluyó Ana Rosario.

 

Las artes nos sumergen en un mundo de magia que alimenta y alivia el alma, pero también nos invitan a reflexionar. Ese es el espíritu de este Festival Nacional de Teatro Popular: un teatro con sentido social que nos invita al diálogo y a mirar la realidad con otros ojos.

 

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